Antier y ayer fueron unos días estresantes, y no porque tuviera cosas que hacer, sino porque los que sí tienen cosas que hacer se la pasan que grite, y lloré, y chille, y berrinche, y...
Esque sucede que antier y ayer mi hermana y hermano bailarines pues tuvieron función, y mi madre que és quien los trae aquí y ahí pues se tiene que encargar de que en verdad los pueda llevar a hacer lo que se supone deban de hacer, y pues claro está que gente como mi hermano no copera mucho que digamos, especialmente en esta semana en la que por alguna razón se le metió la ridícula idea de que la obediencia es recíproca (yo te obedezco, tú me obedeces).
El asunto llegó al extremo de que antier mi madre lo tuvo que bajar por la fuerza de la litera para llevarlo a la escuela, todo porque el escuincle estaba chilloneando que no se bajaba de la cama porque estaba encendida la luz que no le dejaba ver. Durante los primeros 5 minutos es comprensible y aceptable, pero el estar así durante casi una hora, no.
La mañana para mí transcurrió bien, hasta que llega la hora de que regresan (al parecer, a mi hermana la sacaron temprano) y tienen que bañarse y comer para largarse al ensayo general. Como es normal, el niño hace lo que sea (ver tele, 'jugar' con la gata, etc.) en vez de bañarse, así que vienen gritoneos y jaloneos, y entonces siéntense a comer, que ya queda poco tiempo,... Y entonces llega John, este amigo que no he visto en años reales y con quien quedé de ir al cine. Se nos une a comer y pues finalmente decidimos a dónde vamos a ir. Mi madre se ofrece a llevarnos (porque está de paso hacia donde va) y todos nos vamos. Finalmente llegamos a Perisur y en lo que comentamos me doy cuenta de que hasta el tipo notó el ambiente estresante.
Comentando sobre nuestra vida y vicios esperamos a Diego, el otro amigo, que se suponía ya debía estar ahí. Finalmente llega y entramos a tiempo de empezar a ver Prince of Persia. Después podría haber ido a comer tacos, pero no: lo que hice fue despedirme de ellos en el puente de entrada al Metrobus y seguirme, seguirme por calles lo suficientemente largas como para desesperarme y hacerme correr, y correr por encima y a lado de lagos de jugo de basura, agua de lluvia y aceite, y por puentes, y todo para llegar a ver a mis hermanos. Llegué a tiempo, segundos antes que mi madre, que por cierto resultó ser temprano porque la función inició 10 minutos tarde de las 6. Y ayer casi pasa lo mismo: vino de U.S.A. un amigo de mis padres que al parecer no habían visto en 15 años al cual iban a ver creo en un restaurant y luego se iban (sólo mis padres) directo a ver a mis hermanos (otra vez) que ahora se presentaban en un teatro en quién sabe dónde. Quisieron que los acompañara (que para conocer a este amigo) pero cuando mi madre vió el precio del boleto, le pareció que no era tan buena idea. ¡Bendito Capitalismo!. Como la función era a las 8, volvieron a casa hasta casi las 11 de la noche.
Ir a las funciones de mis hermanos no es malo, en ocasiones hasta parece bueno, pero ser el mayor espectador de baile en el mundo pues como que no es mi mayor ambición. Si tuviera que elegir entre digamos un kg (quizá 100 gramos) de KNO3 e ir a una función de mis hermanos, me quedo con el primero a menos que haya un 'pero'.
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