lunes, 14 de junio de 2010

Una llamada del pasado

Antier. Un día común, definiendo 'común' con la definición que se ha ganado en éste último mes.

Nada sorprendente pasa, sólo comes una torta recién traida de un lugar oloroso al que no te dignaste ir por tener que cruzar una calle y caminar otra cuadra. Comes y el teléfono suena. Tu padre contesta y entonces escuchas lo que al teléfono empieza a decir, y entonces deduces la identidad de quien se encuentra al otro lado, y se confirma al llamarlo por su nombre.

Finalmente el teléfono pasará a tus manos, e intenterás entablar charla con tus amigos, dos de los mejores que tuviste, y que por un momento (dígase de varios meses), creiste que no volverías a ver.

Los primos que no tuve, por mis amigos se suplieron. Eran parte íntegra de mi familia (repito: ÍNTEGRA). Pero entonces pasaron uchas cosas en las que nada tuvimos que ver (no mudanzas) y pues nos dejamos de ver.

Han pasado dos años desde entonces, y más de un año de que hablamos por última vez. Tú incluso los habías descartado de los planes: ya no están en tu futuro planeado, ya no hablas de ellos. Y entonces, ya no sabes qué decir, sólo escuchas, y meditas...

Te acaban de cambiar los planes: tendrás que meter gente dónde ya no quieres. ESTÁN EN EL PASADO, y el pasado... Te da la sensación de que lo quieres dejar en el pasado, atrás,... Te da la sensación de que realmente no quieres volver.

Sin embargo, lo haré. No sé que pasará.
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Ah... Okey. Después del poema dramático (esque me es inebitable escribir así)... Lo único que me pasa es que el teléfono lo agarré y me dije: "Huey, ésto no estaba previsto. ¿Ahora qué?" Es un cambio de planes, es... se siente como si hubieras estado construyendo por mucho tiempo una pared y que resulta que ahora la tienes que derribar, y que cuando finalmente ya habías aceptado el hecho de que lo tenías que hacer, lo haces y en éso llega el patrón y te dice que siempre no.

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