Veíase en el campo una gran masa de ovejas pastando. Contábanse por decenas superando el ciento y todas eran de color blanco, a excepción de tres, que eran negras desde nadie sabía hace cuanto.
Llegó el atardecer y el rebaño al corral se fue a adormecer.
La mañana siguiente a los campos volverían a su hambre satisfacer.
El granjero viviendo así las mantenía, prometiéndoles que al final de sus días en el campo, si se habían esforzado por comer bien del pasto, les llevaría a un campo mejor... En donde podrían andar con libertad
Ciertamente ésto no era cierto
La verdad que el rebaño ignoraba es que cuando fueran llamadas para salir a la prometida libertad, no vivirían otro día.
Éste llamado a la 'libertad' que el granjero hacía no era otro sino un llamado al mismísimo matadero, donde cada oveja encontraría su final, atravezada en la nuca mecánicamente y sin dudar por una fría varilla de acero inoxidable para posteriormente ser desolladas, destazadas, seccionadas y finalmente empaquetadas para la venta... La venta: lo único que al granjero le interesaba de sus rebaños
Sólo tres ovinos había en el campo que estuvieran al tanto, y de los tres ni uno era de color blanco
Las tres ovejas negras sabían desde que eran negras que no existía otro campo, sólo la muerte en un cuarto
De éstas tres ovejas una decidió dejar de comer, pues el mandato del granjero no iba a obedecer. Con el tiepo empezó a enflaquecer y a gritar la cruda verdad: no habría campo, no habría libertad, sólo en la nuca una varilla de metal
El temor empezó a crecer, y el granjero el orden tuvo que imponer. Primero al ganado debió calmar y convencerles de que semejante final era ridículo esperar, que en verdad no eran más que tonterías de un infeliz...
Infeliz al que ahora el granjero quería encotrar: fue fácil hacerlo dado que el insurrecto no era blanco, sino negro... Y la inconforme oveja fue puesta en un corral aparte, donde fue silenciada mientras el rebaño comía. Debido a lo flaca que era, lo único de valor que se pudo obtener fue su piel que el granjero lustró para vender, y el resto a los perros dió de comer
Después de ésto sólo dos ovejas negras quedaron, una de las cuales decidió que lo mejor que podía hacer para evitar la cada vez más pronta muerte era escapar... Para siempre desaparecer de aquel corral, y una tarde mientras los perros y el granjero miraban hacia otra parte se fugó. Durante días libre caminó: andubo en campos y llegó a los bosques, comió pastos y brillantes flores, durmió bajo los árboles y admiró a las estrellas que el techo del corral le habían impedido ver... Y una noche ante una jauría de lobos hambrientos llegó para ella el final; una muerte un tanto más lenta y dolorosa que el metal...
Él granjero se percató desde luego de la falta de una oveja, y que era una de las negras... Pero poco le importó: después de todo sólo era una
El tiempo pasó y el día de llenar el matadero se acercaba
Entonces llegó el turno de que la tercera oveja negra planteara su estrategia: ella no escapó, ni gritó, ni empezó a desobedecer ni mucho menos dejó de alimentarse... En lugar de éso se pintó de blanca: quedó igual que sus compañeras, y para gran sorpresa del granjero, ya no había ovejas negras... Estaban todas las que debía tener, por lo que ésta no se había fugado, sino se había camuflado...
Y ésta oveja pintada empezó a esparcir temores otra vez, pero sin gritarlos: iba de una oveja a la vez... Y de una en una empezaron a escaparse
Aunque las pérdidas eran pequeñas, de sólo una o dos ovejas algunos días, a la larga serían relevantes
El granjero ésta vez si empezó a preocuparse, pero poco podía hacer... Después de todo, ahora todas sus ovejas eran iguales
Llegó el día antes de ir al matadero, y la oveja negra pintada de blanco entendió que había llegado al límite de su intento de salvación para sus congéneres... Por lo que escapó y se unió a las fugitivas junto con quienes vivió libre y se defendió de los lobos
En cuanto a la gran cantidad de ovejas blancas que se quedaron en el corral, ya sea porque no creyeron en las advertencias de la pintada o porque jamás supieron ni buscaron saber de ellas, pues... Tras la cabeza recibieron una varilla y por toda la región fueron vendidas
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